La vocación de Hugo, un abuelo feliz

Lima 14/06/13 (Familia Sodálite Noticias — Perú). Con su característica sonrisa, hoy con una barba blanca, Hugo Berninzon, padre de cinco y abuelo de diez, profesor, antiguo miembro de la Familia Sodálite, nos cuenta la historia de su familia, una historia de paternidad y de fe en Dios.

Hugo Berninzon

“La Familia Sodálite para nosotros es nuestra familia espiritual”, así resume Hugo su experiencia por más de treinta años de conocer a los primeros sodálites que a fines de los ’70 empezaron las clases de religión en el colegio Markham —donde él trabajó desde 1962— hasta el día de hoy, en que uno de sus hijos vive en una comunidad sodálite y otros dos, como ellos, forman parte del Movimiento de Vida Cristiana. Años que él asegura han estado llenos de bendiciones entre las que cuenta con mucha alegría el haber conocido a su ahora esposa y compañera de vida, Georgia Berninzon, el paso y permanencia de sus hijos en las distintas asociaciones de la Familia Sodálite, con dolor-alegría la muerte de su yerno Mario Salazar, como se superó un grave accidente de su hijo Ralph y muchos otros hitos llenos de la presencia de Dios.

Deportista nato, maratonista veterano y gran medallista, haber sido parte de los primeros años de la Familia Sodálite significó para Hugo poder ser parte de hitos de esta familia espiritual, entre los que incluye haber formado el primer grupo de Familia de Nazaret en Lima y haber sido el primer capataz de la cuadrilla de la Hermandad de Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho. Él recuerda que la primera procesión realizada en Lima “fue épica, duró 14 o 15 días, nunca se había hecho una procesión de ese estilo, con unas andas tremendas que pesaban una tonelada” pero que despertaba en la gente piedad y cuestionamiento al ver a la Madre en andas recorrer las calles de la parroquia, más aún al hacerla bailar la marinera. Esta devoción hizo también que en el 2006 durante el encuentro de los movimientos eclesiales en Pentecostés, Hugo tuviese una experiencia inolvidable: “llevar la procesión por las calles de Roma, bajo la lluvia, bailar frente a la basílica de San Juan de Letrán, fue una forma de evangelizar y hacer apostolado directo”.

Como buenos padres Hugo y su esposa Georgia, ambos educadores, sembraron con cuidado una semilla de fe que en todo momento confiaron al Señor y que vieron con alegría caer en tierra fértil en la Familia Sodálite. “Hemos recibido el ciento por uno” señala Hugo, quien recuerda que “siempre tratábamos de que nuestros hijos fueran muy sensibles a las necesidades de la familia, del medio”. Este ciento por uno se hizo concreto a través de momentos importantes de su vida familiar. El primero de ellos fue la vocación a la vida consagrada de su hijo mayor Ralph, quien vive en una comunidad sodálite desde 1988 y que cuando comenzó a hacer labores apostólicas en los Barracones del Callao, una zona muy peligrosa que jóvenes del Movimiento de Vida Cristiana visitaban como labor social, les repetía “no se preocupen, estamos con el Señor”. En su discernimiento, que incluyó varios años universitarios, sus padres constataron sus capacidades académicas, pero vieron también que su vocación para servir a Dios fue más fuerte.

Hugo y su esposa Georgia, recuerdan una anécdota cuando Ralph se iba al centro de formación sodálite en San Bartolo. Georgia, lamentando que Ralph no fuera a tener hijos, le dijo: “tú eres un ‘imán’ para los niños, te encanta pasar tiempo con ellos”. La respuesta de Ralph fue convincente: “mamá, para qué quiero tener ‘mis hijos’ si voy a tener cientos de ‘hijos’ a quienes atender y amar”. Sus padres constatan que hoy es así en el apostolado que Ralph realiza en Chincha en el Colegio Santa María y promoviendo diversas labores por los más pobres. Constatan también la presencia de Dios en la vida de su hijo. Cuando años atrás, en un terrible accidente automovilístico, Ralph estaría al borde de la muerte, para Hugo hubo tres milagros: “el golpe que tuvo no fue mortal, pudo llegar a una sala de emergencia, y se recuperó hasta el día de hoy para seguir donándose en su apostolado”. Su familia, que hoy ven extendida en la familia espiritual, los ha llevado también a colaborar durante el trabajo solidario que la Familia Sodálite realizó en Chincha y Pisco luego del terremoto del 2007.

“La experiencia que hemos tenido con Ralph, Alexie y Charlie es de verlos crecer y desarrollarse en la Familia Sodálite desde la simiente que hemos colocado en ellos”. Simiente que también llevó a un compromiso cristiano a sus hijos Ian y Darienne. Alexie asumió un apostolado generoso que la llevó a viajar a Ancón y luego a Piura para evangelizar en esos lugares. Años más tarde, Charlie, quien creció en el ambiente de la familia espiritual, también hizo un discernimiento para la vida consagrada en el Sodalicio, pero descubrió que tenía una vocación matrimonial. Con tres hijos que forman parte de la Familia Sodálite, otros dos muy cristianos y una larga trayectoria en la que han pasado alegrías y dolores, Hugo recomienda a los padres “estar abiertos e interesarse en conocer a la Familia Sodálite, y cómo no, a tener la valentía y el coraje de dejar optar a sus hijos si tienen alguna inquietud vocacional”. Recuerda que nunca ha tenido la experiencia de sentir lejos a sus hijos, y salvo por las distancias geográficas, siempre ha tenido la facilidad de conversar con ellos. Más aún está seguro que las situaciones familiares duras que han vivido han sido llevaderas gracias al apoyo de una familia espiritual “que siento que me ayuda a vencer los momentos en que quiero rendirme”.

Alexie, Ian, Darienne y Charlie siguieron sus pasos y son ahora padres de familia. Alexie tuvo que afrontar la enfermedad de su esposo Mario, ocasión que permitió experimentar el acompañamiento reverente y permanente de la familia espiritual en Denver, donde vive con sus hijos. Mario Salazar, quien perteneció al Sodalicio, descubrió el llamado matrimonial y se casó con Alexie con quien tuvo cuatro hijos. Su disponibilidad para el apostolado los llevó a Denver. Al enterarse del cáncer que Mario tuvo, Hugo y Georgia emprendieron un viaje con retorno indefinido para acompañarlos durante la enfermedad. Georgia recuerda vívidamente un sin número de personas que iban a rezar por Mario y que acompañaban a la familia con sus oraciones y con su amistad. Además recuerda que Mario “rezaba antes de cada momento de su terapia, las cosas las hacía con alegría e invitaba a todos a hacer las cosas con alegría, una alegría que sólo podía venir de su fe en Dios”. Un testimonio de convicción que alentó la vida cristiana de toda la familia.

En su vida como esposos los Berninzon han colaborado mucho con el apostolado de familias dirigiendo grupos de Familia de Nazaret. Hugo recuerda que llegó un momento en el que se encargaron en paralelo de tres grupos de Nazaret: uno en el Callao, uno en Camacho y otro en Ate. Con el paso del tiempo vieron con alegría que la semilla que allí también plantaron, el Señor la hizo crecer y muchas parejas dirigen ahora sus propios grupos.

Los Berninzon se consideran una familia muy bendecida por una larga experiencia de vida de fe, la misma fe que les ha permitido ver con claridad a través de sus muchas experiencias intensas e incluso dolorosas, que “Dios siempre quiere el bien para todos y solo queda seguir sus caminos”. Con diez nietos que son para ellos una inmensa alegría, celebran a Felipito, el último en llegar, que es al mismo tiempo el primero de su hijo menor Charlie. Por eso para ellos esta celebración del día del padre “es especial porque vamos a celebrar el primer día del padre de nuestro último hijo”, nos dice Hugo refiriéndose a Charlie, el menor de sus hijos, a “quien le hemos pedido que tenga como nosotros cinco hijos” finaliza sonriente Georgia.

Hugo Berninzon Vieira nació en el Perú en 1939. Maestro por vocación y deportista por pasión, se desempeñó como profesor de matemáticas en el colegio Markham desde 1962 hasta 1997, lugar en el cual conoció a su esposa Georgia con quien se casó en 1965. Son padres de cinco hijos —de los cuales Ralph, el mayor, es sodálite desde 1983— y abuelos de diez nietos. Fue el primer capataz de la cuadrilla de la Hermandad de Nuestra Señora de la Reconciliación en Camacho y miembro del primer grupo de Nazaret en Lima.

Categorías Noticias