"Pier Giorgio amaba con locura"

Lima 05/07/13 (Familia Sodálite Noticias — Perú). Boris Mena encarna en «La Lógica de Dios» al Beato Pier Giorgio Frassati y a menos de 20 días para llevar la obra a la JMJ en Río de Janeiro nos contó sobre su vida y su pasión por el arte como medio de la Nueva Evangelización.

Boris Mena LLdD

Una cabellera ligeramente desordenada, un carácter tímido y la serena mirada resaltan en Boris Mena, responsable de personificar al Beato Pier Giorgio Frasatti en «La Lógica de Dios», que será presentada en la Jornada Mundial de la Juventud de Río. Con lentes y sin pipa nos cuenta sobre su experiencia con el arte que se inició desde la primaria y sobre su vida cristiana, su fuerte vínculo con la Eucaristía, sus crisis y caídas, el descubrir la posibilidad de evangelizar a través del arte y el giro radical que lo llevaría a asumir con madurez su vida cristiana durante un retiro espiritual.

Su vida sacramental se inició en gran parte por sus padres, con quienes Boris recuerda haber ido a misa todos los domingos temprano, cuando se preparaba para recibir la Primera Comunión. “Siempre he sentido un cariño particular por el misterio de Dios, particularmente por el misterio de la Eucaristía. Desde chiquito me moría de emoción por recibir la Eucaristía”, recuerdo que le dibuja una sonrisa. Además su amor por el misterio de Dios lo llevaba a buscar comprometerse con dar lo que había encontrado, logró que le permitieran ayudar con cosas menores ya que su edad no le permitía dar catequesis.

A pesar de esta etapa inicial de cercanía al Señor Sacramentado, una crisis familiar y varias personales llevarían a Boris a dejar la fe, quien recuerda que casi sin darse cuenta dejó de ir a misa y querer vivir una vida virtuosa. “La secundaria la pasé con mis amigos del colegio, ‘divirtiéndome’ y pasándola ‘fresh’. Para mí todo lo que hacíamos eran travesuras y ‘cosas de grandes’ que sabía que estaban mal”.

Durante su preparación para la Confirmación, Boris encontró un valioso amigo en el P. Miguel Ángel Vasallo, encargado de la preparación, y otro, el más valioso —el Señor Jesús— en el Sacramento de la Reconciliación. Ante la invitación del P. Miguel Ángel a confesarse antes de misa, Boris se negó argumentando “¡para qué confesarme si después voy a volver a fallar! Quería confesarme una sola vez para asegurar mi vida, para no volver a fallar otra vez, para no sentirme mal de volver a caer”. Sin embargo el sacerdote le aclaró que “la confesión es algo que Dios nos da por amor y sabe que no somos perfectos, la confesión no es un contrato en el que si no cumples te vas a la perdición”. Este diálogo de cierta manera consolidó la amistad entre ambos.

Luego de ser parte de un grupo de perseverancia junto a otros jóvenes del colegio y de compartir memorables diálogos y actividades solidarias junto con el P. Miguel Ángel, con la partida del sacerdote a otra misión y la disolución del grupo, Boris dejó de sentirse parte de la comunidad parroquial y de frecuentarla.

Lejos de nuevo de la fe y estudiando Finanzas en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) Boris recibió una invitación que le mostraría una horizonte que jamás había imaginado. Una buena amiga suya lo invitó a verla actuar en “Seréis como Dioses”, una obra de Teatro Convivio que fue presentada en la Universidad de Lima. Recuerda vívidamente que le “pareció ¡increíble, alucinante, bravaza!; la producción de la obra, el vestuario, ¡todo! El tema me gustó muchísimo, tocó una fibra interior. El anhelo de infinito del que trataba la obra lo había sentido antes, no sabía dónde pero sí sentía que lo estaba buscando. Me gustó el tema del infinito, me cuestionaba. Nunca me había puesto a pensar en eso, en que nosotros buscamos algo que no está aquí y que ese algo es Dios”. Así que sin más decidió hacerse parte de Teatro Convivio.

PG en minas alemanas

Durante la presentación que Marcelo Rodríguez hizo del proyecto explicó la misión del Teatro Convivio como una ocasión de perseverancia para quiénes habían asistido al congreso de jóvenes y su objetivo de evangelizar a través del arte. “Me sorprendió sobremanera porque nunca había hecho el vínculo Dios-arte y menos aún el poder hacer apostolado con el arte. Pensé ‘esto nunca se ha dado en la vida’, esta visión de un arte que buscaba hablar de lo profundamente humano, de valores, de humanizar más a la gente. La obra puede presentarse incluso a alguien sin fe porque toca fibras profundas que todos tenemos”.

Sin embargo Boris percibía que algo todavía no andaba bien en su vida, “seguía siendo un agnóstico, viviendo el catolicismo a mi manera” nos relata. Aunque encontraba en el Teatro Convivio una ocasión clara para mostrar a Dios, en su vida personal seguía buscando vivir de acuerdo a los estándares mundanos y le seguía causando un vacío que no comprendía bien.

“Después de un año siendo parte de Teatro Convivio venía escuchando mucho sobre las Agrupaciones Marianas pero no tenía idea de qué era”. La respuesta llegó a través de uno de ellos que tras una breve explicación —que le pareció interesante a Boris— propuso formar una Agrupación Mariana dirigida por Marcelo Rodríguez. “Nuestra primera reunión de agrupación me encantó, me llevó a revisarme y evaluar cómo estaba viviendo mi vida. La amistad se fortaleció y empecé a entender más cosas sobre Dios. Entendí el porqué de la vida moral y sacramental que la Iglesia propone”.

“La Agrupación Mariana fue lo que más me transformó y no fue una transformación inmediata, sino más bien fue un proceso en el que poco a poco iba conociendo mejor a Dios y entendiendo qué tenía qué hacer para ser feliz. Empecé a ir a misa al Centro Pastoral Santa María de la Evangelización y a confesarme con cierta frecuencia. Hubo dinámicas de la agrupación que me ayudaban a aumentar mi compromiso de vida cristiana, fue un proceso sutil que me llevó, cuando menos lo pensé, a ir a misa todos los domingos, confesarme constantemente. Iba al Santísimo a rezar, incluso cuando todavía no entendía bien la diferencia entre rezar de noche en mi cama y en hacerlo en la capilla del Santísimo”.

Boris recuerda que fue durante un “retiro de agrupación en el que mi vida tuvo un giro de 180 grados. En ese momento tomé la firme decisión de ser un cristiano de verdad, de darle mi vida al Señor”. Nos cuenta sobre un detalle que atesora, “durante la liturgia bíblica a todos nos habló San Pablo a través de sus epístolas”. Inmediatamente después decidieron tomar el nombre del santo para bautizar a su agrupación: “nuestro vínculo con San Pablo es muy íntimo, todos los que somos parte de la agrupación hemos tenido una experiencia de conversión radical, todos hemos tenido esa caída del caballo”. Además entre risas resalta que “hasta hoy seguimos súper motivados con la agrupación, incluso nos hemos mandado a hacer polos con el nombre de la agrupación”.

Este vínculo lo resume comentándonos que siente “un montón de cariño por la Familia Sodálite porque es de alguna manera la familia que me acogió en un tiempo difícil y que me ayuda a ser una mejor persona”.

En cuanto a su experiencia con el teatro —que se inició en un taller para jóvenes a los 12 años—, Boris comparte las gratas experiencias que lo han traído a ponerse en los zapatos de un Beato. La obra «Notre Dame de París» ayudó al joven actor a “reconocer que mi corazón necesitaba cultivar la paciencia, la humildad, el anteponer al otro a mí” a la luz de las palabras de San Pablo «Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo (2Cor 5,17)». Logró vencer su orgullo y soberbia seguro que había un bien mayor detrás de haber tenido que renunciar a ser el personaje principal. El reto no se redujo y con «La Lógica de Dios», Boris asegura que “me cuestioné muchísimas cosas como el amor, el amor de pareja, el amor a los pobres, a los demás, el amor en la vida cotidiana. La manera en la que Pier Giorgio amaba es locaza, él era en verdad el mejor amigo de todos los que conocía. Todos los testimonios de quienes lo conocieron decían que era su mejor amigo”.

El responsable de encarnar a Pier Giorgio comenta con alegría que luego de empezar a conocer al Beato e interpretarlo “comencé a cambiar cosas en mí como algo de mi terquedad, incluso me dicen que mi mirada ha cambiado, mi manera de hablar. Hay caídas pero al menos las reconozco y me ayuda a querer cambiar malos hábitos”. Asegura que “ponerme en los zapatos de alguien que vivió una santidad en la vida cotidiana me lleva a cuestionar cómo estoy viviendo mi santidad con mi familia, con mis amigos, en mis estudios. Eso fue difícil de llevar a la escena”.

A pocos días de la JMJ en Río, Boris no puede evitar su sorpresa e incredulidad ante la oportunidad que Dios le ha dado, nos dice al respecto que le “parece casi imposible de creer, en un momento me dije “no voy a creer que vamos a ir a Río hasta que me compre el pasaje; ya lo compré pero no lo voy a creer hasta que llegue”. Concluye con una reflexión profunda en la que nos cuenta como le “parece muy hermoso de parte de Dios, habernos dado esta oportunidad. Esta es una época de mi vida en la que me siento verdaderamente parte de la Iglesia, percibo a la Iglesia como una gran familia. Me encanta la idea de estar con millones de jóvenes que sienten y creen lo mismo que yo. Ir a la JMJ va a sentirse como una reunión de la gran familia católica. Mejor aún si eso tiene al Papa como un padre que Dios ha escogido para que sea su rostro frente a nosotros”.

Los talentosos jóvenes de Teatro Convivio continúan con la puesta en escena ad portas de llevar la vida de Pier Giorgio a Brasil, un Beato que el también Beato Juan Pablo II bautizó como “el hombre de la ocho bienaventuranzas”. Así pues, Dios —a través de Pier Giorgio— parece hablarles a estos jóvenes amigos de San Pablo, pues el Beato afirmó que «en este mundo que se ha alejado de Dios falta la paz, pero falta también la caridad, o sea el amor verdadero y perfecto. Quizá si San Pablo fuese escuchado por todos nosotros, las miserias humanas serían un poco disminuidas».

PG en las montañas