Padre Andrés Luján: “Apacienta mis ovejas”

El Sodalicio de Vida Cristiana y el Movimiento de Vida Cristiana ganaron un nuevo sacerdote: Andrés Felipe Luján Gallo fue ordenado por la imposición de las manos del Arzobispo de Río de Janeiro, el arzobispo Orani João Tempesta. La celebración tuvo lugar en la parroquia Nossa Senhora da Guia, en Lins de Vasconcellos, el 10 de diciembre.

Andrés, colombiano lleva en el apellido una de las invocaciones de la Virgen María: Nuestra Señora de Luján. A pesar de venir de una familia muy católica, dos tíos sacerdotes, la abuela materna fue monja por cuatro años, dejando el convento debido a una enfermedad, no fue de la familia que brotó la vocación.

El primer paso hacia el camino vocacional surgió a partir de una enamorada. “A los 21 años, empecé a enamorar a una muchacha miembro del Movimiento de Vida Cristiana (MVC). Fue entonces que pasé de acompañarla en las misas, a participar del grupo de jóvenes del MVC, a hacer apostolado y tener una intensa vida espiritual, que me llevaron a identificarme mucho con el carisma del Sodalicio de Vida Cristiana”, explicó Andrés.

Durante un viaje al Encuentro Continental de Jóvenes Católicos en Chile, pasando por Perú en 1998, Andrés tuvo la oportunidad de profundizar el carisma de los sodálites y de experimentar una de sus mayores experiencias. “Cuando regresé a mi ciudad, empecé a cuestionar lo que Dios me estaba pidiendo. Yo ya soñaba con el matrimonio, estaba terminando la universidad, enamorado, trabajando, pero Dios empezó a mostrar que tenía otros planes para mí: no quedaría ciego a una experiencia espiritual tan fuerte y la felicidad de sentirme cada vez más cerca de Dios “, comentó.

A finales de 1998, Andrés decidió hacer la promesa de aspirante, que es cuando la persona descubre que Dios puede estar llamándola para formar parte del Sodalicio, “fue un compromiso para discernir mi vocación”. Pero para el joven Andrés, el Señor todavía lo preparaba para algo más. Con detalles de Dios, experiencias de oración, apostolado, comunión y fraternidad, Él me fue mostrando que mi llamado era para la vida consagrada”, afirmó.

La misión

Con la certeza de la vocación y el sí definitivo en el corazón, después de la formación inicial del Sodalicio, el padre Andrés fue enviado a Estados Unidos, donde permaneció por tres años. Por su formación como administrador y su fluidez en el inglés, en el país norteamericano, él realizaba un trabajo apostólico en una casa de retiro de la Arquidiócesis de Denver, en Colorado.

En 2006, el padre Andrés llegó a São Paulo. Luego, en el primer año, comenzó a dar clases en el Colegio María Inmaculada. “Mi vida cambió totalmente, y todos los días estaba involucrado en la evangelización de jóvenes, niños y con sus familias también”, recordó.

Ya al año siguiente, comenzó la etapa del discernimiento vocacional al sacerdocio. “Fue una sorpresa para mí, a los 30 años, pues pensé que mi vocación fuera la vida consagrada, se inició un largo tiempo de diálogo con Dios, discernimiento y conversaciones con hermanos, oración y muchos consejos de sacerdotes, que me llevaron a descubrir que el Señor me llamaba al sacerdocio, inicié los estudios en el Seminario de San Amaro, en San Pablo, después fui enviado a Aparecida, donde permanecí por dos años, luego fui enviado a Río de Janeiro, en este proceso de discernimiento, el Señor se hizo cada vez más claro “, exclamó.

En la parroquia Nossa Senhora da Guia, en Lins de Vasconcelos, cuyos sodálites son responsables de la administración parroquial, Andrés fue ordenado diácono y ahora sacerdote.

Pastor de ovejas

Un nuevo paso requiere nuevas misiones. De este modo, a partir de febrero, el padre Andrés será enviado al municipio de Petrópolis, en la Región Serrana, para acompañar al Movimiento de Vida Cristiana. “Es un nuevo desafío, pero seguiré acompañando a personas en Río. Estaré centrado en esta misión con los jóvenes, los pobres, las familias y con la evangelización de la cultura también. Otro desafío personal y espiritual es aprender a vivir como sacerdote, a ser pastor para los hermanos de mi comunidad, compartiendo ese carisma hacia la Iglesia”, subrayó.

Un nuevo paso requiere nuevas misiones. De este modo, a partir de febrero, el padre Andrés será enviado al municipio de Petrópolis, en la Región Serrana, para acompañar al Movimiento de Vida Cristiana. “Es un nuevo desafío, pero seguiré acompañando a personas en Río. Estaré centrado en esta misión con los jóvenes, los pobres, las familias y con la evangelización de la cultura también. Otro desafío personal y espiritual es aprender a vivir como sacerdote, a ser pastor para los hermanos de mi comunidad, compartiendo ese carisma hacia la Iglesia”, subrayó.

Artículo aparecido en la revista Testemunho de Fe, del Arzobispado de Rio, el martes, 17 de diciembre de 2017 (Puedes ver la nota original aquí).

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